El domingo recibimos la visita de un italiano que estuvo compartiendo hace cuatro años piso con mi hermano durante 6 meses. Es una persona de esas que alguien bautizo como “ciudadano del mundo”, un espíritu libre que sobrevuela por encima de la apatía y el conformismo del resto. A veces no logro comprender como esa vitalidad que yo a veces tanto echo de menos consigue rebosar de tal manera en otras personas. Una mente abierta que no se casa con nadie, capaz de criticar cosas de su país o cultura o de ensalzar otras que los demás criticamos, sin compromisos, sin patriotismo, todo desde un punto de vista libre, sin pertenencia a nada, sin patriotismos, sin ataduras, desde ese punto de vista que te da el conocer otras culturas y otras formas de vivir, unos de esos que piensa que la patria es un invento, que la patria real son tus amigos y tu familia. La verdad es que estar cerca de gente así, que a pesar del tiempo te recuerda y te añora , da mucha vitalidad, dan muchas ganas de vivir y rellena de pequeñas gotas de cambio la jarra de la monotonía.